Falta de libido en la mujer. Disfunción sexual.

Causas, consecuencias y soluciones para la falta de libido en la mujer y la disfunción sexual.

En el vídeo pasado tratamos los trastornos sexuales en el hombre, sobretodo la inapetencia y la impotencia. Son dos factores que se pueden dar en ciertas circunstancias y existen diferentes situaciones que pueden favorecer que aparezcan o no. En todo caso, la mujer no está exenta de esta problemática y, si bien el hombre no suele tener problemas de inapetencia, la mujer sufre menos el problema de la impotencia y, en todo caso, se le llamará disfunción sexual.

En el caso de la mujer, la disfunción sexual puede derivar de diferentes formas tales como la falta de deseo, el dolor que se asocia al coito y la sequedad de la zona vaginal o la falta de excitación.

Estas situaciones se pueden dar por sí solas o pueden combinarse. Es decir, una mujer puede tener falta de deseo y estar desmotivada por el dolor que siente cuando tiene relaciones sexuales o simplemente tener falta de deseo. Incluso pueden llegar a darse todas las situaciones de golpe. En todo caso, sea cual sea la causa de la disfunción, el trabajo por parte de la pareja será el de acompañamiento y comprensión, nunca el del reprochar ni culpabilizar. Es más, muy posiblemente, si existe reproche, la situación se alargue, ya que es muy posible que, sin comprensión, la mujer empatice menos, (he dicho que es muy probable, pero en realidad es casi seguro que será así).

Primero vamos a intentar ver qué es lo que sucede. Con el tema de la falta de deseo podemos encontrar diversas causas, como pueden ser las enfermedades: diabetes, cardiopatías, depresión, etc… Pueden ser causa de la inapetencia. Pero existen otros motivos: cansancio, fatiga, estrés, consumo de alcohol o tabaquismo, así como otras drogas, aunque sean conocidas como “blandas”, obesidad, estados de ánimo alterados, exceso de trabajo, (ya sea en casa, en el trabajo, con los hijos…). Existen un montón de variables que van a determinar el deseo sexual en la mujer.

Debemos recordar que la mujer tiende a responsabilizarse mucho más que los hombres de la mayoría de las cosas, la cual cosa hace que trabajen más que los hombres en casa. Este hecho no tiene por qué estar ligado a una situación machista: el hombre no ve lo mismo que la mujer, o no se fija. Allí donde la mujer ve un cubo de ropa llena, lista para la lavadora, el hombre ve tres días más de capacidad en el cubo si se aprieta lo suficiente. Quizás se trate de la educación u otros factores, lo que sí nos encontramos a menudo es que la mujer nos dice que cuando pide ayuda ya la recibe pero que le molesta tener que pedirla. El hombre se defiende diciendo que no se había fijado. Y realmente los dos tienen razón.

En todo caso, esa falta de “fijarse” por parte del hombre hace que la mujer se cargue más, y ese cargarse más se traduce en más cansancio y más estrés, ya que no sólo es hacer las cosas, es pensar que cuando salga del trabajo va a tener que hacer esas cosas que seguro que su marido no se ha “fijado” en que se tenían que hacer. Ese estrés puede derivar, perfectamente, en falta de deseo sexual, igual que en otros tipos de inapetencias. Se entiende perfectamente. La comprensión por parte de la pareja se da en el momento en que se empieza a fijar en las necesidades colectivas del hogar, ropa, cocina, comida, niños, limpieza… Cuando la mujer se siente apoyada se siente más positiva y más predispuesta a compartir. El hombre también.

El estrés es un factor determinante en lo que al deseo sexual se refiere. Pero ya no de manera mental sino física. Los niveles de cortisol elevado hacen que nuestra mente divague entre las cosas más importantes o más acuciantes, o como mínimo eso es lo que nuestra mente piensa, y no deja demasiado espacio para el sexo. Además, la necesidad de más energía para gestionar el origen del estrés tampoco deja demasiada para el sexo. El estrés puede provocar muchas situaciones internas y externas que limiten el deseo sexual y, quizás, sea el factor más determinante en esta problemática. Las formas de estrés que se pueden llegar a sufrir son muchas y muy diversas, es entonces normal que el sexo quede relegado a otra posición que no es la primera. Sucede que los niveles de estrés debido a esta extensa variabilidad de opciones pueden ser lo suficientemente elevados como para no dejar margen a nada más. Y, repetimos, en la mujer, por norma general, suele ser más elevado y más diverso que en el hombre.

Esto deriva en un cansancio o fatiga adrenal que tampoco deja margen para el sexo. Si nos vamos fijando, todo nos lleva ahí mismo. Se deben trabajar los niveles de estrés, los factores estresantes y hacer un trabajo proactivo en la gestión del estrés.

El cansancio o la fatiga pueden no derivar de un nivel de estrés elevado y puede ser puntual. Por ejemplo, hacemos mucho deporte y nos levantamos temprano. Esto hace que por la noche solo pensemos en dormir y que aparezca la inapetencia. Aunque cabe decir que las más veces suele ser debido al estrés. Puede ser también que no estemos pasando por una época estresante de nuestras vidas, pero que la hayamos vivido y que nuestras suprarrenales estén agotadas. El cansancio, aun no sufriendo de estrés en ese momento, deriva de un estrés pasado y de una fatiga ya instaurada.

El consumo de alcohol, tabaco u otro tipo de drogas también puede derivar en inapetencia sexual debido a los niveles de intoxicación y de alteración de la consciencia. Hay que vigilar mucho, ya no sólo con el problema de inapetencia o falta de deseo, sino toda la problemática derivada del consumo de estas sustancias para la salud en genera. Luego aparecen enfermedades y nos quejamos, cuando deberíamos ser consecuentes con nuestras decisiones y nuestros actos.

La obesidad o los problemas de peso pueden ser causa de la inapetencia o de la falta de deseo. Esos problemas suelen estar ligados a un consumo elevado de azúcar, un cansancio derivado, crisis de ansiedad, incluso pánico… Lo recomendable para estas situaciones es intentar revertir nuestra problemática de fondo y recuperar un peso adecuado, controlar la dieta, la ingesta de agua y el deporte. Con eso mejoraremos la capacidad energética de nuestro organismo y recuperaremos el humor: con ello la lívido volverá a nuestras vidas.

Los estados de ánimo alterados incluyen la depresión, la ansiedad, la angustia, la apatía, la desesperación, la depresión… Las mujeres tienden a preocuparse más de las cosas que los hombres y están sujetas a unos cambios hormonales mensualmente que puede alterar su estado de ánimo sin que ellas sean capaces de controlarlo. Estos estados de ánimo alterados pueden tener mayor o menor grado, es decir, pueden afectar en mayor o menor medida a cada mujer. Nunca será igual una depresión en una mujer que en otra, por decir algo. De ese modo, no podemos hacer un tratamiento igual y el cónyuge no trataría del mismo modo a dos personas con ansiedad. Esto último son ejemplos de cómo de diversas pueden ser las causas y en qué puede llegar a derivar. Los estados de ánimos pueden derivar también de un nivel de estrés elevado. Lo siento, pero no me cansaré de hablar del estrés, el asesino silencioso.

Por último, haremos especial hincapié en la sequedad. Las mujeres necesitan tener hidratadas las mucosas mucho más que los hombres. En el caso de los problemas de sexualidad, debemos tener en cuenta que la lubricación es más femenina y se da en la zona vaginal que no masculina y en la zona genital. Si se sufre de sequedad vaginal las relaciones pueden llegar a ser un verdadero infierno. Si la mujer no lubrica es imposible que exista la penetración sin dolor. Y, aunque la mujer no necesita de la penetración para culminar, el hombre suele necesitarlo. Para no llegar a un desacuerdo, la mujer debería poder lubricar adecuadamente para que pueda darse una penetración tranquila y agradable para las dos partes. De ese modo, es imperativo que se consiga. Para mejorar la capacidad de lubricar, la mujer necesita un estado de excitación que le prepare para el acto. Los problemas de lubricación pueden no derivar del nivel de excitación de la mujer. Existen otras causas como el proceso de menopausia, (pre, post y menopausia), enfermedades diversas, falta de hidratación… Hay que valorar seriamente el problema de lubricación para que el acto se dé sin alteraciones.

En todo caso, hay muchísimas variables que pueden determinar el nivel de lívido y de apetencia sexual en la mujer y, como siempre os digo, cada caso es un mundo y se debería tratar individualmente, no como un problema en grupo.

Si te sientes identificada con alguno de estos síntomas o conoces a alguien que se pueda sentir identificada, no dudes en compartir esta información. Y si tienes alguna consulta no dudes en contactar con nosotros, encantados te ayudaremos.

Pau Elias Mondelo

Naturópata y Coach en Nutrición Ortomolecular
Colegiado Nº 3248 ONC Fenaco

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